finca la coruja

LOS CUENTOS QUE YO CUENTO: “LA PASTORA Y EL CABRITO MAXI”

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LA PASTORA Y EL CABRITO MAXI

Érase una vez una pastora que tenía un gran rebaño de ovejas que guiaba día tras día a través de campos y praderas. Le ayudaba su fiel e incansable perro. En el rebaño de ovejas también había un cabrito muy mayor y muy sabio que era el que mejor conocía las montañas y a sus habitantes. El cabrito tenía un nietecito del que cuidaba, se llamaba Maxi. Era un cabrito muy atrevido y travieso, daba mucho trabajo extra a su abuelo porque continuamente lo tenía que buscar, pues se alejaba demasiado del rebaño o se subía muy alto a las rocas y luego no se atrevía a bajar.
Una tarde que tenían que volver todos a casa, el cabrito Maxi no quería volver así que se escapó; llegó a un riachuelo y el muy pillo saltó al agua. Le encantaba rascarse los cuernos en las piedras del riachuelo.
¡Qué divertido!, ¡Que divertido!, -pensó y ¡catapún!, se cayó al agua.
El agua se alegró y lo llevó consigo río abajo. El cabrito Maxi se hizo una herida y con gran esfuerzo logro salir a la orilla. “Be, be”. No pudo más y se quedó echado, muy cansado a un lado del riachuelo.
La pastora mientras tanto descansaba junto a sus ovejas y no se dio cuenta de que el cabrito Maxi no estaba con ellos, hasta que el perro con sus ladridos se lo comunicó.
-“no podemos marcharnos sin él”- dijo la pastora. El abuelo cabrito empezó a buscar por todos lados y, por fin descubrió a Maxi herido junto al riachuelo.
El abuelo cabrito volvió junto a la pastora y la llevó hasta el lugar donde estaba el cabrito. Con mucho cuidado la pastora lo recogió en sus brazos y le acarició suavemente. Juntos volvieron al fuego.
El fuego susurraba: “para la pata enferma: agua de la fuente y flores de caléndula”.
La pastora acostó al cabrito cerca del fuego para que no tuviera frio y pidió al perro que cuidará del rebaño. La pastora se fue hacia la montaña y poco a poco empezó a oscurecer. La luna brillaba con su luz plateada y las estrellas centelleaban alegremente.
En la montaña encontró flores de caléndula y recogió unos ramilletes. Luego llegó a la fuente pero estaba muy cansada y se sentó a descansar. De repente vio como unas delicadas hadas bailaban sobre el agua del río. La pastora les pregunto: “¡Puedo recoger un poco de agua para mi cabrito enfermo?” ellas le dieron el agua y la pastora en agradecimiento echó un poco de leche de su jarra al agua, y en ella se bañaron las hadas y desaparecieron.
La pastora regresó con su rebaño. A su llegada el fuego estaba casi apagado, sopló fuertemente y consiguió reavivarlo de nuevo. Preparo una infusión con los pétalos de las caléndulas y el agua de las hadas.
El cabrito Maxi, aunque estaba dormido junto al calor de su abuelo se movía intranquilo y de vez en cuando lloraba –“be, be”-. Su nariz estaba muy caliente, porque el pobrecito tenía fiebre. La pastora cogió con mucho cuidado su patita herida y la empapo con la infusión. El animalito todavía no se despertó, pero ahora su “be, be” sonaba contento.
-“Tienes que despertarte, pequeño amigo”- le dijo la pastora. Pero el cabrito no quería, porque estaba soñando con hadas y riachuelos. Suavemente la pastora le abrió la boca y le hizo beber la infusión y luego se quedó mirando como dormía.
“Yo también tengo sueño”, pensó la pastora y se acercó al lado del cabrito y su abuelo y también se quedó dormida junto a ellos.
Por la mañana cuando el sol ya estaba encima de la montaña, el cabrito Maxi se despertó y se dio cuenta de que había dormido al calor de su abuelo cabrito y de la pastora que tan bien lo habían cuidado. Levantó su cabecita, dió unos saltitos alegres y pensó: “Nunca más me alejaré de mi abuelo y siempre querré estar cerca de mis amigas las ovejas y mi amiga la pastora”.

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2 pensamientos en “LOS CUENTOS QUE YO CUENTO: “LA PASTORA Y EL CABRITO MAXI”

  1. Muy bonito el cuento. Efectivamente, hay que acercar a las nuevas generaciones a la naturaleza, hacerles amar la tierra y los seres que la habitan; y recuperar el sentido autentico de la vida. En caso contrario, el futuro de nuestro hermoso planeta y los seres que lo habitan es incierto.

  2. El martes estuve en la clase de mi hijo de tres años y junto a Caty, la mamá de otra compañerita de clase, contamos este cuento a los niñ@s. Es un cuento que se usa en la pedagogía Waldorf y que adapté un poco para que fuera más cercano. Al finalizar el cuento le regalamos una flor de caléndula de nuestra finca “La Coruja” a cada niñ@ y explicamos los beneficios de esta plantita. Es increible como l@s más peques reciben estas cosas. A la salida del cole tod@s con su flor en la mano explicando con gran entusiasmo a sus mamás que l@s esparaban en la puerta, que esa flor se llamaba caléndula y que hacia curar las heridas. Creo que no hay que decir nada más, la conexión de l@s niñ@s con las plantas es natural y espontánea y hay que facilitarle el contacto con ellas porque lo demás ya lo hacen sol@s. Me di cuenta de lo importante que puede ser introducir en los cuentos, por lo bien que lo entienden y con la naturalidad que lo viven, el poder sanador de las plantas.

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