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Mercados alternativos de alimentos, acción política ante la devastación

No basta con que sean naturales y que tengan una etiqueta de colores tierra. Los productos orgánicos tienen que contemplar el bienestar de la agricultora, vincular al campesin@ con el ciudadan@ y crear distintos canales de comercialización, y no perpetuarlos vendiéndolos en las mismas cadenas de supermercados que son parte fundamental del problema.

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México. Cada bocado, trago de café, desayuno, comida y cena están plagados de historia; cada producto que está en nuestras alacenas es una breve clase de historia universal, economía, política o biología. La mayoría de las personas no lo sabemos, no nos tomamos la molestia de hacer un recorrido mental alrededor del sándwich que nos llevamos a la escuela u oficina, no sabemos que el café de la mañana no es café (en el mejor de los casos) porque tampoco sabemos que  nuestro café es hijo de la pobreza y la explotación. Con nuestro desinterés, perpetuamos las alacenas que tienen kilómetros de historias que nunca se contarán; al mes siguiente regresaremos al Soriana y de nueva cuenta llevaremos a casa a La Costeña, Bimbo, Sabritas y Lala en lugar de llevarnos a Juan, Marcos, Flora y Silvia.

Recorrido mental al sándwich                 

Desde su inicio, el diseño de las ciudades planteó la segregación de las zonas de cultivo para llevarlas a la periferia, y lo que esto provocó fue la dependencia e inutilidad de las ciudades en términos alimenticios. Después vino la Revolución Verde que a base de herbicidas y fertilizantes incrementó la producción y con ello trajo un nuevo modelo de producción agrícola. Este nuevo modo de producción se conoce como producción agrícola industrial y se caracteriza por la homogeneización de los cultivos, el uso de agroquímicos y semillas transgénicas. Otro rasgo importante es que la producción de alimentos pasó de estar en manos de los pequeños campesinos a estar en manos de empresas transnacionales (70 por ciento de las transacciones de alimentos en el mundo está en manos de menos de 500 empresas). A partir de ese momento las ciudades y por tanto sus habitantes se convirtieron en los principales clientes de estas agroempresas.

Actualmente, los campesinos que lograron sobrevivir a la invasión de  la agricultura industrial, se enfrentan a una situación en donde su producción no tiene salida sino es a costa del coyotaje o de la compra a concesión por parte de los grandes supermercados a precios verdaderamente precarios.

Mercados Alternativos como estrategia de resistencia

La relevancia de proponer y crear opciones diferentes de producción y distribución de alimentos es urgente. Actualmente, la idea de que sólo la agricultura industrial puede producir la cantidad de alimento suficiente para los 7 mil millones de habitantes en el mundo tiene una aceptación casi indiscutible en las políticas de estado y el modelo económico actual es insostenible.

La ambigüedad alrededor de lo que se denomina ¨alternativo¨ es muy grande, sobre todo si tomamos en cuenta que ahora más que nunca existe una terminología que pretende limpiar de responsabilidades a quien la usa (me refiero a lo verde, responsable, ecológico, sustentable). De lo anterior surge la necesidad de delimitar teóricamente lo alternativo. La primera pregunta que surge de manera casi obvia es: ¿alternativo a qué? La respuesta tiene una profunda herencia histórica-política y tiene que ver con la oposición a los valores y las prácticas del capitalismo. Estos valores y prácticas se pueden sintetizar en tres grandes puntos:

  1. El sistema capitalista produce sistemáticamente relaciones de desigualdad de poder y recursos.
  2. Las relaciones de competencia en el capitalismo producen formas de sociabilizar denigrantes, basadas en el beneficio personal y la falta de solidaridad.
  3. El capitalismo agota los recursos naturales que permiten su propia reproducción y mantenimiento.

Los movimientos que hacen uso del adjetivo alternativo, critican y tratan de superar a gran o pequeña escala las características antes mencionadas. Sin embargo, caer en el error de encajonar a todas las propuestas alternativas, como si todas trataran de terminar de manera tajante con el capitalismo es un error frecuente. Una característica de los movimientos alternativos contemporáneos es que abren posibilidades a trasformaciones graduales en dirección contraria al capitalismo y lo que es más importante, crean núcleos de solidaridad en el seno del capitalismo. En este sentido el desarrollo alternativo se inspira en los valores de la igualdad, la solidaridad y la ciudadanía. El desarrollo alternativo propone a la colectividad como actor central de organización y privilegia la escala local como objeto de acción social, además  destacan la importancia de las actividades de trueque u otras formas de producción y distribución no capitalistas.   

Aunque el usufructo económico de la producción en los mercados alternativos de alimentos es sin duda una parte importante, existen características como los procesos culturales, políticos, sociales y afectivos que son pilar fundamental para su mantenimiento.

En resumen, la creación de mercados alternativos representa una alternativa al sistema de producción y consumo actual, ya que consolida espacios de comercialización en donde los productores pueden obtener el verdadero valor de sus productos, pero no sólo es un espacio de compra-venta sino que nos permite recuperar el sentido comunitario de la vida, revalorizando el trabajo del otro y haciéndonos partícipes de un proceso que en sus orígenes fue y debe seguir siendo democrático. Es democrático en tanto que los productores pueden elegir a quién le venden, qué le venden y cómo lo producen; mientras que los consumidores pueden elegir en dónde, qué y de quién consumir lo que llenará sus alacenas.

Orgánicos no tan orgánicos

Si bien conseguir alimentos que hayan sido producidos con  métodos que respeten la naturaleza, es posible, en la mayoría de los casos son inaccesibles para nuestro consumo por su elevado precio. Esto se debe a la nueva retórica de la sustentabilidad, que claramente forma parte  de la misma red de intereses y mentiras que han acabado con este mundo, esa retórica que permea de manera cotidiana los informes de gobierno, los modelos de desarrollo, los productos en los anaqueles de Walmart. Lo verde, lo sustentable, lo orgánico se ha convertido en un nicho de mercado que las grandes empresas han sabido aprovechar. El que no se hayan usado agroquímicos o el que se hayan regado con agua de lluvia recuperada, no garantiza que sea un producto sustentable; lo que realmente garantiza el derecho de portar ese adjetivo, es parte de una red de condiciones multifactoriales, es decir que no basta con que sean naturales y que tengan una etiqueta de colores tierra. Los productos orgánicos tienen que contemplar el bienestar del productor, tienen que vincular al campesino con el ciudadano, tienen que crear distintos canales de comercialización y no perpetuarlos vendiéndolos en las mismas cadenas de supermercados que son parte fundamental del problema.

Sólo reivindicando la naturaleza democrática de los alimentos, es como podemos hacerle frente a un sistema que ha precarizado las condiciones de vida de la humanidad, solo incluyendo a Juan, Marcos, Flora y Silvia en nuestras alacenas es como lograremos un cambio en este mundo.

Mercado Alternativo de Tlalpan

El Mercado Alternativo de Tlalpan es un mercado que ofrece productos de  la canasta básica (carnes, miel, hortalizas, frutas, hongos, café, pan, etcétera) con la garantía de haber sido producidos bajo los principios que caracterizan a un producto alternativo.

Treinta productores del Distrito Federal y el Estado de México se dan cita los sábados cada 15 días a dos cuadras del centro de Tlalpan, en donde cada productor comparte una charla acerca de sus experiencias y algunos están abiertos a hacer trueque.

JORGE LIBER SALTIJERAL GILES

 Original en Desinformémonos

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