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Agricultorxs en Kenia se defienden ante la invasión inmobiliaria

“No estoy luchando por mí, sino por mis hijos. Tengo 85 años, he vivido mi vida, pero mis bisnietos necesitan un lugar al que puedan llamar su hogar”: Paul Njogu.

NGANGARITHI, Kenia, 13 may 2015 (IPS) – Las hortalizas de esta tranquila comunidad agrícola en los fértiles humedales del centro de Kenia no solo alimentan a los agricultores sino que también se venden en los mercados de Nairobi, la capital del país, 150 kilómetros al sur.

Espinacas, zanahorias, coles, tomates, maíz, legumbres y tubérculos abundan en el pueblo de Ngangarithi, un paisaje caracterizado por las tonalidades de verde y los arroyos de agua limpia donde juegan los niños.

Poco más de 25.000 personas viven en la localidad del condado de Nyeri situada en las tierras altas centrales, que ahora enfrenta la amenaza de los constructores de bienes raíces.

Ramadan Njoroge, uno de los habitantes de Ngangarithi, dijo a IPS que los peores temores de la comunidad se hicieron realidad en enero, cuando varias familias de pequeños agricultores “encontraron marcadores que delimitaban tierras que ni habíamos vendido ni tenía intenciones de vender”.

Un poderoso promotor inmobiliario había erigido los pesados bloques de hormigón en distintos lugares de las tierras de cultivo comunal donde pretendía construir edificios comerciales. Los habitantes salieron a las calles para manifestarse en contra de lo que percibían como la apropiación de sus tierras ancestrales. “No puede ser que venga gente aquí a expulsarnos de nuestra tierra. Vamos a mostrarles a los demás que ellos también pueden negarse a ser desalojados por fuerzas poderosas”, afirmó a IPS otro lugareño, Paul Njogu.

“Mi abuela me dio esta tierra hace unos 20 años. Este es mi hogar ancestral y también es mi medio de vida. Con los cultivos protegemos nuestro patrimonio, garantizamos la seguridad alimentaria y la creación de empleos”, explicó.

Agricultores en Kenia se defienden ante la invasión inmobiliaria

Esta mujer, habitante de Ngangarithi, riega sus cultivos con agua de los humedales. Crédito: Miriam Gathigah/IPS

Pero el mercado inmobiliario de Kenia tuvo un crecimiento espectacular en los últimos siete años y demostró estar por encima de esos sentimientos. Los empresarios se apresuran a identificar y adquirir todas las tierras posibles, por cualquier medio posible. Es un sector lucrativo, con muchos ganadores. Pero los grandes perdedores son personas como Njoroge y Njogu, campesinos que componen la mayoría en este país de 44 millones de habitantes. Según el Ministerio de Agricultura, unos cinco millones de los ocho millones de hogares keniatas viven directamente de la agricultura.

La tierra, el bien más rentable

En septiembre de 2014, Kenia pasó a ser un país de renta media-baja gracias al crecimiento de su producto interno bruto (PIB).

El Banco Mundial elogió al país en un comunicado de prensa. “El tamaño de la economía es 25 por ciento mayor de lo pensado, y Kenia es ahora la quinta mayor economía de África subsahariana, detrás de Nigeria, Sudáfrica, Angola y Sudán”, señaló.

“El crecimiento económico durante 2013 se revisó al alza, de 4,7 por ciento a 5,7 por ciento, (y) el PIB por habitante pasó de la noche a la mañana, literalmente, de 994 dólares a 1.256 dólares”, añadió.

Agricultores en Kenia se defienden ante la invasión inmobiliaria

Un agricultor muestra sus plantas de aloe vera, que las familias campesinas del centro de Kenia aprecian por su valor medicinal. Crédito: Miriam Gathigah/IPS

La Oficina Nacional de Estadísticas de Kenia reveló que el sector inmobiliario fue el responsable de una parte considerable del aumento de los ingresos nacionales, siguiendo de cerca al sector agrícola, con 25,4 por ciento del PIB, y al sector manufacturero, con 11,3 por ciento. David Owiro, del centro de investigación Instituto de Asuntos Económicos (IEA), aseguró a IPS que el “mercado de la tierra y de los inmuebles en Kenia está creciendo exponencialmente”.

Un informe de las consultoras HassConsult y Stanlib Investments, divulgado en enero, confirmó que la tierra tuvo el mayor rendimiento entre los demás activos en los últimos siete años, con un aumento de 98 por ciento desde 2007. El precio de la tierra en los últimos cuatro años subió más del doble que el del ganado y cuatro veces más que el de los inmuebles, mientras que los precios del petróleo y del oro descendían en el mismo período, según las investigaciones. El valor de la tierra se incrementó 535 por ciento, de un promedio de 330.000 dólares por acre (0,4 hectáreas) en 2007 a 1,8 millones de dólares por acre en la actualidad. No sería tan exagerado decir que la tierra en este país de 582.650 kilómetros cuadrados vale su peso en oro.

Según Owiro de la IEA, la creciente demanda de empresas comerciales y viviendas de alta densidad en Nairobi y sus zonas suburbanas y rurales es en gran parte responsable de la subida de precios. Las estadísticas oficiales señalan que, aunque en la capital residen dos millones de habitantes, durante la jornada de trabajo hay presentes tres millones de personas en Nairobi, ya que los trabajadores de las zonas vecinas inundan la ciudad. Esta fuerza laboral es un factor importante de la demanda de vivienda adicional, según Njogu.

En consecuencia, dos grupos cuyas fortunas y futuros están vinculados a la tierra parecen destinados a entrar en conflicto, los promotores inmobiliarios y los pequeños agricultores.

¿Qué es lo sostenible?

Mientras que la fiebre por la tierra y el boom inmobiliario encajan en la imagen de prosperidad económica que muestra Kenia en la actualidad, chocan con la nueva serie de Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que la Organización de las Naciones Unidas terminará de redactar en septiembre.

El intento de apropiación de las tierras de los agricultores en Ngangarithi revela las trampas de un modelo de desarrollo que se basa en valorar las ganancias de unos pocos por encima del bienestar de muchos. Los agricultores que han vivido aquí por generaciones no solo cultivan alimentos suficientes para sostener a sus familias, sino que también alimentan a toda la comunidad, y comprenden un eslabón vital en la cadena alimentaria del país. Quitarles las tierras, dicen, tendrá consecuencias a largo plazo. El centro de Kenia se considera uno de los dos graneros del país, siendo el restante el Valle del Rift, en gran medida por su capacidad de producir abundantes cosechas de maíz.

En un país donde 1,5 millones de personas sufren de inseguridad alimentaria cada año, según estadísticas oficiales citadas por la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional, empujar a los agricultores a los márgenes de la sociedad separándolos de su tierra no tiene mucho sentido económico. Por otra parte, la invasión de los constructores en los humedales de Kenia atenta contra el desarrollo sostenible, dado que el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente calificó a los humedales de “vitales” para los sectores de la agricultura y el turismo, y exhortó al país a proteger estas áreas ricas en biodiversidad, como parte de sus obligaciones internacionales de conservación.

Este reportaje forma parte de una serie concebida en colaboración con Ecosocialist Horizons.

Editado por Kanya D’Almeida / Traducido por Álvaro Queiruga

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